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8 de febrero de 2012
Entre dos mundos
La historia es bien conocida por todos nosotros. En los años ochenta algunos de los mejores guionistas británicos de todos los tiempos desembarcaron en el Universo DC y empezaron a redefinir el cómic de superhéroes para los años venideros, sobre todo en lo referente a su lado oscuro. Alan Moore escribió una brillante etapa en la cabecera de la Cosa del Pantano en la que nos mostró el horror más absoluto. Jamie Delano retrató el Reino Unido más sombrío en una colección de cadencia regular protagonizada por John Constantine. Neil Gaiman redefinió el mundo de la fantasía con The Sandman. Grant Morrison llevó el metalenguaje a un nuevo nivel en sus episodios de Animal Man. Y Peter Milligan nos deleitó con el sabor de la locura en la extravagante Shade: El Hombre Cambiante. Todas estas series eran tan excepcionales como originales, pero estaban enfocadas a un público adulto que no tenía por qué coincidir con el habitual seguidor de DC Comics… y esto generaba problemas. Primero, parte de los lectores potenciales rehuían estos productos por estar ubicados en un mundo que consideraban infantil o, en todo caso, de una temática que no era de su agrado. Segundo, ciertos sectores de la sociedad pensaban que estas series no tenían cabida en un universo enfocado a todos los públicos y comentaban que debían reubicarse o, en su defecto, ser canceladas. Karen Berger, directora ejecutiva de DC Comics, encontró la solución ideal en 1993. Reunió todas las cabeceras “oscuras” del Universo DC tradicional en una nueva línea editorial llamada Vertigo. La creación de un sello para el lector adulto, anunciado de forma tan fehaciente, resolvía todos los problemas de Shade y compañía. Por fin se garantizaba que estos tebeos quedasen lejos de las manos de los infantes y, además, los escritores tenían luz verde para hacer lo que les viniese en gana. Cada una de estas colecciones iban a reflejar única y exclusivamente las ideas de sus creadores, sin ser lesionadas jamás por lo que pudiese suceder en el resto del Universo DC. Al fin y al cabo, ya no pertenecían a aquel mundo.

Sea como sea, en los inicios de Vertigo no nos dimos cuenta de este detalle. La relación entre los superhéroes y Vertigo era tan fuerte que su disociación era prácticamente imposible. Por ejemplo, los orígenes de Sandman estaban tan ligados a la Liga de la Justicia e –incluso– a Infinity Inc. que nadie podía prever que un día se prohibiría el uso de las creaciones de Gaiman en cualquier cómic sin su consentimiento previo. Además, sí que disfrutábamos de encuentros entre personajes de ambas líneas. Cualquier cabecera DC que tuviese un matiz esotérico, como Universo DC: El Espectro, recurría de tanto en tanto al pasado oscuro de la editorial.

La única pista que nos hacía pensar en los problemas sentimentales entre el Universo DC y Vertigo la hallábamos en que los encuentros entre ambas líneas eran cada vez menos frecuentes, pero eso respondía a una lógica aplastante. En el momento que Vertigo dotó a los creadores de libertad casi absoluta, estos hicieron caso omiso de la continuidad existente. Todas las series Vertigo siguieron su propio camino. De hecho, cuando aparecía una nueva cabecera no tenía ninguna relación con el resto. Vertigo es una línea editorial, no un universo cohesionado. Allí tiene cabida cualquier tipo de historia, de cualquier género y ambientada en cualquier lugar. Esa es la grandeza del sello. Esa es la razón por la que Vertigo innova constantemente y nos sorprende a cada momento. Por eso solo las colecciones originales mantuvieron el concepto de mundo, aunque dejaron de hacerlo porque fueron cayendo una a una hasta que solo quedó Hellblazer.

Nunca sabremos cuándo se produjo la disociación con exactitud, aunque sí conocemos de su existencia porque Dan DiDio lo ha confirmado en más de una ocasión. El divorcio entre el Universo DC y Vertigo llegó hasta tal punto que se prohibió utilizar a la Cosa del Pantano y compañía en los tebeos DC. El porqué es bastante evidente: para que un personaje pase de una línea editorial a otra debe suavizarse o endurecerse, es decir, tiene que retractarse de su última encarnación para convertirse en otra cosa, y ¿cómo puede alguien renegar del Shade de Milligan o del Animal Man de Delano? Es imposible olvidarse de estas obras maestras. Además, los editores del sello adulto no querían perder a sus mejores estrellas.

Afortunadamente, el tiempo lo puso todo en su lugar. Tras muchos años sin publicar historias de los personajes fundadores de Vertigo, y aprovechando la movida generada por Crisis Infinita, DiDio recuperó a Animal Man, entre otros, a cambio de ceder nombres tan importantes como Deadman. Si bien el regreso de Buddy Baker resultó un éxito sin precedentes, ya que se convirtió en uno de los personajes más queridos de 52 y coprotagonizó unas cuantas miniseries, Deadman disfrutó de una breve –aunque interesante– andadura en Vertigo antes de regresar a su hogar. Lo importante es que a partir de entonces se rompió la barrera que dividía ambas líneas y empezamos a ver una mayor interrelación entre DC y Vertigo. El Fantasma Errante aparecía en Superboy o Madame Xanadú indistintamente, mientras Muerte saludaba a Lex Luthor en las páginas de Action Comics.

Y finalmente llegó El día más brillante, y John Constantine y la Cosa del Pantano volvieron al Universo DC. Las barreras se habían roto para siempre y podríamos dar por zanjada esta historia si no fuese por un detalle aún más importante: el retorno de la Cosa del Pantano no supone únicamente el regreso de este personaje. Las aventuras de Alec Holland forman parte del mundo sobrenatural y tenemos que ser conscientes de que ya no vivimos en los años ochenta. Los tebeos DC se publican para un público juvenil o adulto y, en consecuencia, ahora sí podemos disfrutar de etapas tan duras como la de Alan Moore sin preocuparnos de quién lo va a leer. El resultado es que La Cosa del Pantano de Scott Snyder –el título que toma el relevo de este volumen– se ha convertido en un éxito de crítica y ventas. Se trata de una lectura muy cercana a la obra de Moore –aunque suavizada con referencias a los autores que tomaron las riendas de Allec Holland anteriormente– que no deja indiferente a nadie. El espectacular dibujo de Yanick Paquette es un homenaje constante a todos los grandes artistas del terror, pero da un paso adelante y nos demuestra que el miedo no está reñido con la belleza. Si se hubiese publicado hace diez años, La Cosa del Pantano sería un cómic Vertigo, de manera que podemos decir que esta colección nos trae de vuelta a un personaje y a un sello, justamente aquel que fue evolucionando hasta dejar de ser lo que era.

Y lo mejor es que la cosa no acaba ahí. Gracias al próximo relanzamiento del Universo DC, Jeff Lemire recupera el espíritu de Delano en la nueva serie regular de Animal Man, otro éxito aplastante de crítica. En este caso los dibujos de Travel Foreman nos transportan a un extraño mundo que le pone los pelos de punta a cualquiera (excepto a las mascotas de la hija de Baker, ya veréis por qué...). Por su parte, Peter Milligan toma las riendas de una nueva encarnación de la Liga de la Justicia formada por los personajes más místicos del Universo DC, incluidos John Constantine y Shade, el Hombre Cambiante. Sus aventuras son más superheroicas que las de la Cosa del Pantano o Animal Man, pero no por ello dejan de ser oscuras. Al fin y al cabo, forman parte de la línea más adulta de DC, con permiso de Vertigo.

 

Enrique Ríos

Artículo incluido en el volumen El día más brillante: En busca de la Cosa del Pantano

El cómic en RTVE.es - 'Llamarada', de Jorge González
EL PAÍS - Reinhardt Kleist en 'Los dibujantes dan la nota'