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7 de julio de 2014
Huellas del pasado
Con Batman e hijo, Grant Morrison enunció una contundente declaración de intenciones: más que revisionista, su etapa al frente del Caballero Oscuro sería integradora y referencial, defendiendo una continuidad en la que tuviera cabida cada aventura del personaje publicada desde su creación. Ambiciosa empresa cuya viabilidad queda demostrada por los cómics recopilados en Batman y el Guante Negro, que hunden sus raíces en tiempos remotos para dar forma al segundo capítulo de la novela río construida por el guionista escocés.

En las primeras páginas del presente recopilatorio se escenifica el regreso de los Batman de todas las naciones, agrupación de héroes inspirados por el Hombre Murciélago fundada en Detective Comics núm. 21 (1955), de Edmond Hamilton y Sheldon Moldoff. Apenas un par de años más tarde, el propio Hamilton y Dick Sprang dieron una vuelta de tuerca al supergrupo, rebautizado como Club de Héroes y patrocinado por el filántropo John Mayhew (World's Finest Comics núm. 89). Y transcurridas casi cuatro décadas, durante su etapa al frente de JLA, Morrison alistó a dos de sus integrantes —Caballero y Escudera— en el Cuerpo Internacional de Ultramarines. Pero fascinado por el concepto del Club de Héroes, no pudo resistir la tentación de relatar en Batman qué fue de ellos desde su último encuentro con el Cruzado de la Capa, mostrándolos “más viejos, pero no necesariamente más sabios”. O en palabras de Robin, reflejando su condición de “justicieros de tercera fila”.

Respecto a Mayhew, el guionista aprovecha su desbordante imaginación para confirmar las sospechas que le generaba su figura —“Siempre hubo algo de aquel hombre que me inspiraba desconfianza”—, convirtiéndolo en el incitador de la reunión en una remota isla caribeña con la que arranca el primer arco argumental de este tomo. Dicho punto de partida deriva en un whodunnit de estructura similar a obras de Agatha Christie como la novela Diez negritos (1939) o la pieza teatral La ratonera (1952). Aunque no sería de extrañar que durante el proceso de escritura Morrison se acordara The Superlative Seven (1967), episodio de la serie de televisión Los Vengadores que contaba con una premisa similar. En cualquier caso, la teatralidad de esta historia encaja perfectamente con el espectáculo gráfico interpretado por J. H. Williams III, quien se inspiró en el estilo de diferentes autores para retratar a cada integrante del Club de Héroes: Steve Rude, Howard Chaykin, Dave Gibbons, Alan Davis, Kelley Jones, Ed McGuinness, Chris Sprouse… Pero, ¿por qué este cúmulo de homenajes? El dibujante de Batwoman y Sandman: Obertura ofrece una explicación: “Grant escribió a estos personajes como si hubieran vivido sus vidas y protagonizado sus propias aventuras durante todos estos años. Así que me pregunté si sería capaz de dibujarlos como si abandonaran sus colecciones para participar en ésta, imaginando el aspecto que podrían tener en dichas series”. Decisión artística que encaja perfectamente con la naturaleza de pastiche por la que se caracteriza toda la etapa de Morrison.

El encargado de suceder a Williams tras el paréntesis que supuso el crossover La resurrección de Ra’s al Ghul fue Tony S. Daniel, de quien Morrison dice que “nació para dibujar a Batman”. Con Medicina Espacial, el guionista recicla una de las primeras ideas barajadas cuando el editor Peter J. Tomasi le ofreció la posibilidad de tomar las riendas de Batman: relatar una historia sobre el Departamento de Policía de Gotham City entrenando en secreto a un grupo de agentes para que sustituyesen a Batman en caso de que él falleciera. En última instancia, una reformulación de la historia clásica The Secret Star (Batman núm. 77, 1953) destinada a retomar la trama insinuada en Batman e hijo. Además, el equipo creativo vuelve a sacar a colación tres misteriosas palabras omnipresentes en esta etapa: “Zur En Arrh”, cuyo significado y funcionalidad se revelan en Batman R.I.P. Pensando en los lectores interesados en identificar cada referencia, diremos que sus orígenes se remontan a Batman núm. 113 (1958), donde France Herron y Dick Sprang aprovecharon la historia titulada Batman - The Superman of Planet X para despejar la “X” alusiva al nombre de dicho planeta. ¿Y qué decir del personaje que irrumpe en la última página de Medicina Espacial para reaparecer en sucesivas historias? Nos referimos a Batmito, habitante de la Quinta Dimensión creado por Bill Finger y Sheldon Moldoff en 1959 (Detective Comics núm. 267), a imagen y semejanza del Mr. Mxyzptlk de Superman; la enésima concesión a una época colorida y desenfadada que ahora adquiere un nuevo significado.

Por su parte, Joe Chill en el Infierno “expone los puntos débiles pasados por alto por el propio Batman, desarrollando ciertos elementos de su biografía que pueden haber sido ignorados”. El nombre de Joe Chill seguro que resultará familiar a los lectores, no en vano se trata del criminal que asesinó a Thomas y Martha Wayne en Park Row, dando origen a la leyenda de Batman. Su participación en la historia conduce a Batman muere al amanecer, cuyo título es reminiscente Robin dies at dawn (Batman núm. 156, 1963): “Una de aquellas historias icónicas sobre Batman visitando un mundo alienígena durante el periodo en que hizo de extraños viajes en el tiempo, justo antes de que imperara la interpretación más oscura del personaje y las historias de corte detectivesco”. Inspirado por la idea de un héroe emocionalmente vulnerable —“era algo impactante y a la vez le volvía más cercano”—, Morrison indaga en el experimento de privación sensorial en el que participó el Hombre Murciélago para comprender lo incomprensible, dando pie a una historia “sobre el karma en sentido estricto. En sus esfuerzos por entender la locura del Joker, el joven Batman no se percata de que está poniendo en marcha una imparable cadena de acontecimientos que amenaza con destruirle”. Al frente de dicho experimento se halla el Dr. Simon Hurt, que dará mucho que hablar en Batman R.I.P., continuación natural de este tomo. Una saga que como se desprende de la lectura del cómic que precede a estas líneas (El demonio de nueve ojos, dibujado por Ryan Benjamin), promete emociones fuertes, erigiéndose en el tercer capítulo de la gran historia tramada por Grant Morrison: talentoso guionista responsable de convertir esta etapa en una suerte de palimpsesto en el que se pueden apreciar huellas de una escritura anterior, ahora parte de una cronología sorprendentemente coherente.

David Fernández

Artículo originalmente publicado en las páginas de Batman y el Guante Negro.
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