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4 de julio de 2016
Introducción a Fábulas: Edición de lujo- Libro 10, por Matthew Sturges
Era julio de 2008, la Comic Con de San Diego estaba terminando, y Bill Willingham me acababa de presentar una factura de 1.100 dólares. La noche anterior había habido una fiesta, y yo me había ofrecido, con poca convicción, a pagar algo por ella. Viendo en ello una oportunidad para meterse conmigo, Bill hizo que alguien preparase un documento con una pinta muy oficial que me puso en un aprieto por una cantidad de dinero mucho mayor de la que estaba dispuesto a aportar. Tras ver cómo me retorcía durante un minuto entero, Bill dijo que todo era una broma, y toda la gente de la sala se echó a reír. Aquella no era la primera vez que Bill me hacía algo parecido, ni tampoco sería la última. Hubo un momento en otra convención en el que hizo que el paleontólogo Ryan Haupt fingiera ser un periodista de Rolling Stone que se ofrecía a escribir un artículo sobre mí antes de dejarme a mitad de conversación porque su “editor” le había llamado diciendo que tenían a alguien que era “bueno de verdad”. En otra ocasión, le dejé plantado en una cena de otra convención, y Bill envió al guionista Dave Justus a decirme que estaba furioso conmigo por haberle abandonado, que ya no confiaba en mí y que ya no me consideraba su amigo.

Qué cara más dura tienen algunos.

En fin, volvemos a 2008. Una vez se apagó el regocijo y remitieron mis fantasías asesinas, empezamos a hablar sobre cómo íbamos a hacer El gran cruce de Fábulas. Bill y yo estábamos discutiendo sobre el argumento, y Mark Buckingham estaba sentado en una silla al otro lado de la habitación, dibujando unas páginas para el número 75 de Fábulas. Eran páginas preciosas y complejas en las que se detallaba la gran escena de batalla de aquel número, y él iba con retraso, así que estaba concentrado furiosamente en su tarea.

Lo que Bill y yo no podíamos resolver ni que nos mataran era cómo llamar a ese grupo de entidades divinas que representaban varios aspectos metaficticios de la narración. Ya teníamos a Gary, Falacia Patética, y teníamos al Señor Revisión y a las hermanas Page. Pero ahora teníamos a más de ellos y necesitábamos un nombre de grupo, pero no se nos ocurría nada que no fuera una birria. Barajamos “Literarios” y “Conceptuales” y un puñado de cosas peores. Estuvimos dándole vueltas al tema como locos durante semanas. Y, mientras nos quejábamos de ello, Buckingham (sin levantar siquiera la vista de su trabajo) dijo: “Deberíais llamarlos ‘los Literales’”.

Hay una clase especial de odio que los creadores reservamos para momentos así. O sea, ni siquiera dejó de dibujar. Los dos le miramos con una rabia celosa mientras él seguía dibujando a Príncipe Encantador en un dirigible, apenas consciente de nuestra presencia.

Qué cara más dura tienen algunos.

La historia que estás a punto de leer es parte chiste, parte reflexión sobre la creatividad, parte Gran Evento Comiquero, parte Fábulas, parte Jack de Fábulas y parte otra cosas completamente diferente. Como, en muchos aspectos, Fábulas es una historia sobre historias (y Jack de Fábulas más aún), queríamos hacer un crossover que en algunos aspectos fuera sobre crossovers y lo que pasa cuando las historias interactúan de una forma en la que no deberían. Así, cuando Jack abandona su cómic duran­te el resto del evento, se lleva a su dibujante favorito, Tony Akins, con él (sin ofender a Russ Braun, que hizo un trabajo estelar defendiendo el fuerte, pero siempre sientes algo especial por el primer dibujante de tu cómic). Cuando Lobo Feroz abandona el refugio respetable de Fábulas, se ve obligado a abandonar también su dignidad. Y, por supuesto, no sería un auténtico Gran Evento Comiquero si no estuviera en juego el destino de todo el universo. Tienes que llevar estas cosas al límite.

Admito libremente que, cuando Bill Willingham y yo nos juntamos, tendemos a llevar las cosas demasiado al límite. Danos una miniserie de nueve números y una supervisión mínima y las cosas se pondrán muy locas. Tras la revelación de Mark en San Diego, nos sentíamos imparables. Y, con ese espíritu, nos reunimos unas semanas después para escribirlo todo en la casa de Bill en Las Vegas, una ciudad que no desalenta el exceso precisamente. Por ejemplo: durante este viaje, fuimos a una galería de tiro y nos gastamos unos 500 dólares disparando armas automáticas, con el vago pretexto de que, si nuestros personajes iban a disparar esas armas, tendríamos que saber lo que se sentía. (Por si te lo preguntas, la sensación es muy, muy buena.)

Garabateamos guiones y nos intercam­biamos páginas. Fue como el montaje de una película muy cuestionable sobre dos guionistas. Nunca me lo he pasado tan bien escribiendo.

Esa sensación emocionante de “todo vale” quedó plasmada en este cómic. Por ejemplo, vas a conocer a unos personajes llamados los Géneros. No encuentro palabras para expresar lo divertido que fue inventarse a esos tíos, y lo feliz/triste que estoy de que solo hayan aparecido en este volumen. Al pobre Lobo Fe­roz le ocurren algunas cosas que no serían toleradas en ningún otro escenario, pero que aún me hacen reír hoy en día. Algunas cosas se salen de madre. Otras se rompen. Y, la verdad, el universo de Fábulas nunca volverá a ser igual.

Así que, teniendo en cuenta todo eso, está claro que El gran cruce de Fábulas fue un éxito enorme de crítica y público, ¿no? Bueno... más o menos. Por lo que sé, se vendió bien tanto en números indivi­duales como en formato recopilado, así que en DC quedaron contentos con el resultado, y mucha gente disfrutó de ello. Pero algunos lectores fueron, por así decirlo, algo menos entusiastas. Y no pasa nada. No a todo el mundo le gusta todo.

Pero si me permites especular (y qué mejor lugar para especular que una introducción, que es la parte menos esencial de cualquier libro), diré que aquellos a los que no les encantó la historia que es­tás a punto de leer simplemente esperaban una clase diferente de historia. Quizás esperaban una historia sin tantos chistes malos, con menos melodrama y menos chimpancés. Quizás esperaban un crossover de verdad, y en lugar de eso les dimos uno chiflado y metatextual. ¿Quién sabe?

No les guardo rencor a esos lectores, pero me gustaría ayudarte a evitar su dolor. Te pido que dejes de lado lo que sea que pienses que sabes que se su­pone que es Fábulas y que disfrutes de esta historia por lo que es en realidad. Si lo haces, la disfrutarás un montón. Te lo digo aunque sea responsable en parte de su creación y aunque, precisamente por ello, debería ser más modesto en cuanto a sus méritos. Pero esta historia me gusta demasiado. Me da igual lo que piensen los demás. Y si, después de todo esto, sigue sin gustarte El gran cruce de Fábulas, en ese caso no podré ayudarte. Estarás solo en esto.

Qué cara más dura tienen algunos.

Matthew Sturges
Austin, Texas
Diciembre de 2014

Artículo publicado en las primeras páginas de Fábulas: Edición de lujo - Libro 10 ¡Ya a la venta!

Previa de Fábulas: Edición de lujo - Libro 10


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