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3 de septiembre de 2014
La última historia de amor jamás contada
Es posible que los lectores habituales de ECC Ediciones conozcan a Jeff Lemire como uno de los guionistas más interesantes de cuantos se han encargado del relanzamiento de DC Comics. Su trabajo en cabeceras como Animal Man, Liga de la Justicia Oscura, Constantine y Green Arrow lo ha situado por méritos propios como uno de los pilares fundamentales del Universo DC en la actualidad, compartiendo honores con otros escritores tan laureados como Scott Snyder (Batman, La Cosa del Pantano), Grant Morrison (Superman, Batman Inc.) o Brian Azzarello (Wonder Woman). Lo que puede que algunos no sepan es que antes de incorporarse a la plantilla de DC, Lemire, oriundo de Ontario, había desarrollado una sólida carrera como guionista y dibujante de cómics independientes. Su presentación en sociedad tuvo lugar en la premiada trilogía Essex County para Top Shelf Comics, con la que se dio a conocer internacionalmente y que le valió los primeros aplausos de la crítica especializada. A raíz de este trabajo el autor entró en contacto con el editor del sello Vertigo Bob Shreck, posibilitando en 2009 la aparición de una novela gráfica escrita y dibujada por el canadiense dentro de la línea para adultos de DC. Se trata de Nadie, una revisitación del clásico literario El hombre invisible que adapta el imaginario de H.G. Wells a las obsesiones personales de Lemire: la soledad, los traumas infantiles y la conexión emocional entre dos personas como cura contra la infelicidad.

Esas mismas fijaciones son las que siguen vertebrando la obra de Lemire como autor completo en los años posteriores. Su siguiente trabajo, Sweet Tooth, es una serie regular de 40 episodios publicada nuevamente al amparo el sello Vertigo. En ella, bajo los códigos genéricos de la ciencia ficción postapocalíptica, el autor presenta una fábula ecologista a caballo entre La carretera de Cormac McCarthy y La isla del Doctor Moreau de, una vez más, H.G. Wells. El protagonista es un niño híbrido entre humano y ciervo que encontrará una inesperada figura paterna en el rudo y violento superviviente de una pandemia inexplicable.

Durante la publicación serializada de Sweet Tooth, Lemire encontró tiempo para escribir y dibujar una novela gráfica que acabaría viendo la luz, una vez más, en la editorial Top Shelf Comics. The Underwater Welder combina el misterio de un capítulo de La dimensión desconocida con las filias habituales de Lemire como escritor. De nuevo la pérdida y el duelo, la soledad de una infancia rota y el vínculo con otro ser humano que ejerce de ancla para superar la melancolía se convierten en el motor de una narración que pulsa los resortes emocionales del lector desde la primera página.

Instalado definitivamente en el éxito gracias a su trabajo como guionista en las series del Universo DC y habiéndose ganado las alabanzas de la crítica como autor completo con sus publicaciones de creación propia, Lemire afrontó a continuación su proyecto más ambicioso hasta la fecha; no solo por la cantidad de conceptos y referencias extraídos de la ciencia ficción que se manejan en su argumento, sino también por la profundidad y sensibilidad con que se caracteriza a sus protagonistas y por la arriesgada apuesta formal que se propone en sus páginas. El resultado es Trillium, el tebeo que ahora mismo sostienes en tus manos: una epopeya fantástica que combina la narración en paralelo a través de los siglos de La fuente de la vida de Darren Aronofsky con el crudo recuerdo de La guerra de las trincheras de Jacques Tardi, la space opera piramidal de Stargate e incluso el azulado tribalismo alienígena del Avatar de James Cameron. Sin olvidarnos, por supuesto, de la representación de la inteligencia artificial articulada por Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke en la icónica 2001: Una odisea en el espacio.

Pese a la ensalada de referentes, Lemire consigue hacer suyos estos conceptos y otorgar a la suma total una incuestionable personalidad propia. Para lograrlo, el autor despliega una cantidad insólita de recursos narrativos y juega con la disposición y el tamaño de las viñetas, el uso del color e incluso el orden y la orientación de las páginas. Pero al final, tratándose de una obra del autor canadiense, todo se reduce precisamente a los personajes. A sus traumas del pasado, a su melancolía aparentemente incurable y a su anhelo de conectar con otra persona incluso a las puertas de la extinción de la humanidad, arrinconados en el más lejano confín del universo.

Porque Jeff Lemire es, por encima de todo lo demás, un romántico incurable. De los que creen, pese a la evolución de la tecnología bélica, al desarrollo del viaje por el espacio profundo y a la aparición de imparables virus inteligentes, que la mejor forma de decir “te quiero” en el siglo XXXVIII seguirá siendo con flores.

Jero Piñeiro

Artículo publicado originalmente en las páginas de Trillium.
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