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30 de agosto de 2017
¡Maldito Allende! - Entrevista con Olivier Bras y Jorge González
Durante la preparación de la edición española de ¡Maldito Allende!, ECC Ediciones contactó con Olivier Bras y Jorge González, quienes amablemente accedieron a compartir detalles sobre el proceso creativo de esta obra. Así, además de tener ocasión de ojear bocetos preparatorios sacados directamente del cuaderno de Jorge, en la siguiente entrevista ambos autores arrojan luz sobre los antecedentes y la génesis de esta novela gráfica.

—Olivier, es inevitable relacionar este proyecto con tu experiencia como corresponsal en Chile para medios francófonos como RFI, Radio Canadá o Libération. De hecho, tu llegada al país coincidió con el arresto en Londres de Augusto Pinochet, en 1998. ¿Cómo influyó esta circunstancia en tu toma de contacto personal y profesional con Chile?

Olivier Bras (O.B.): Jamás habría sido corresponsal en Chile de no ser por la detención de Pinochet en Londres el 16 de octubre de 1998. Llegué al día siguiente al país con la intención de pasar unas vacaciones y me topé con toda esta información de repercusión mundial. Enseguida me puse en contacto con las redacciones en Francia que no tenían corresponsales ahí para ofrecerles mis servicios. Al final, me quedé tres años y medio en Chile.

—Olivier, además de tu trabajo periodístico como corresponsal, colaboraste con Juan Guzmán en el libro En el borde del mundo. Memorias del juez que procesó a Pinochet (Anagrama, 2005). Es de suponer que dicho proyecto, sumado a tu experiencia periodística, te permitió tener un conocimiento mucho más profundo sobre la historia del país, la figura del dictador y las heridas abiertas en la sociedad chilena. ¿En qué modo cambió tu percepción sobre Chile? ¿Tenías claro que querías continuar explorando este episodio de su historia?

O.B.: Antes de ir a Chile no conocía casi nada de su historia. Unos compañeros de instituto me habían hablado mucho de Pinochet y de la dictadura, pero nada más. Sus padres eran exiliados políticos chilenos que se habían instalado en Francia a principios de la década de los años ochenta. Y, claro, pensé en ellos. En Chile descubrí una sociedad muy dividida, con dos campos que no se trataban en ningún término. Fui en busca de «pinochetistas» para que compartieran su punto de vista conmigo, pero, a menudo, resultaba muy complicado hablar con ellos. Poco a poco, me fui dando cuenta del peso que llegó a tener en el país la herencia de la dictadura. Y estoy convencido de que el arresto de Pinochet hizo que muchos chilenos abrieran los ojos. Hasta ese momento, algunos medios muy influyentes se habían negado a hablar de la represión que tuvo lugar entre 1973 y 1990. Hay que llevar a cabo un trabajo importante de educación e información. La novela ¡Maldito Allende! va en ese sentido.

—Olivier, Jorge, vuestra primera colaboración se remonta a 2013, cuando la revista francesa La Revue Dessinée publicó la historia corta Allende, le dernier combat, posteriormente adaptada y publicada como Allende, el último combate en la cabecera Orsai. ¿Cómo surgió este proyecto?

Jorge González (J.G.): La propuesta llegó por correo electrónico, iba a ser el primer número de ese gran proyecto que es La Revue Dessinée, y desde el primer momento me pareció una idea increíble. Tuve mucha suerte de que Olivier hablase muy bien el español, pude sentir el fuerte deseo que tenía de contar esta historia.

O.B.: El primer número de La Revue Dessinée iba a salir en septiembre de 2013, coincidiendo con la conmemoración de los 40 años del golpe de Estado. Tenía ganas de tratar el evento, pero jamás había trabajado en el campo de la historieta. Propuse a los responsables de la revista recrear el 11 de septiembre. Y como les gustaba mucho la obra de Jorge González, pues enseguida recurrieron a él. Y el hecho de que yo hablara español facilitó las cosas.

—Olivier, Jorge, ¿desde un primer momento teníais en mente la posibilidad de abordar esta historia a través de una obra más extensa, o ¡Maldito Allende! surgió de manera más espontánea?

J.G.: Surgió de manera espontánea mientras tomábamos un café en el festival de Saint-Malo. Recuerdo preguntarle a Olivier: «¿Y si hacemos un álbum sobre Allende y Pinochet?».

O.B.: Horas más tarde, Jorge se lo comentó a la editorial Futuropolis, y esta nos contestó al día siguiente que el proyecto le interesaba muchísimo. Todo sucedió muy deprisa.

—No faltan ejemplos recientes que acreditan la idoneidad del lenguaje del cómic para abordar reportajes periodísticos, narrar sucesos históricos y relatar ficciones de temática social. Olivier, ¿en qué momento y por qué razones llegaste a la conclusión de que el cómic era el medio adecuado para que ¡Maldito Allende! cobrara forma?

O.B.: Creo que todas las fotos y grabaciones tomadas y realizadas el 11 de septiembre de 1973 y durante las semanas siguientes contribuyeron en gran medida a la condena generalizada del golpe de Estado. La destrucción de un palacio presidencial por aviones de caza es una imagen muy impactante. Me apetecía que estos momentos históricos estuvieran presentes en el libro. Gracias al dibujo, se pueden mezclar varias narraciones. Jorge trató de manera diferente los aspectos históricos, los momentos de ficción y las escenas íntimas de los dos personajes principales, Allende y Pinochet.

—Olivier, Jorge, ¿varió mucho el proceso creativo de ¡Maldito Allende!, comparado con el de Allende, el último combate? ¿Podríais explicarnos vuestra mecánica de trabajo en ambos proyectos?

J.G.: La manera de trabajar no cambió, la gran diferencia puede encontrarse en la distinta complejidad que tienen ambos proyectos. El primero es una historia corta de veintitantas páginas y el otro es una novela gráfica de más de 100 y con diferentes puntos de vista y estilos. Para ¡Maldito Allende! el primer arranque del motor fue de Olivier. Contó una historia, la del joven chileno que vuelve al país que desconoce, y luego fuimos abriéndola y nos preocupamos por contarla de manera fragmentada. Usamos el Google Documentos y una charla por Skype cada mes. Le iba pasando algunas páginas bocetadas o acabadas y a partir de ahí reflexionábamos sobre los cambios o acerca del buen rumbo por el que iba la historia.

O.B.: Era la primera vez que participaba en la creación de una novela gráfica, y tuve la suerte de coincidir con un dibujante con mucha experiencia y muy organizado. Y como Jorge conoce muy bien la historia de Chile y las dictaduras de Sudamérica, pudimos hablar mucho al respecto del fondo. Aportó muchas ideas.

—Jorge, ¿en qué modo difiere tu aproximación a la historieta cuando trabajas como autor completo (Fueye, Dear Patagonia), comparado con tus proyectos colaborativos (Hard Story, Hate Jazz, Mendigo, Regreso a Kosovo)? ¿Resulta especialmente estimulante ejercitar «músculos creativos» diferentes?

J.G.: Hacer proyectos de a dos me resulta más animado, hay un ida y vuelta más enriquecedor, se abren más puertas y la posibilidad de no perderse tanto en la propia subjetividad. De todas maneras, me sigue gustando mucho más hacer mis libros en solitario, seguir desde bien cerca el proceso que sucede al meterse en un proyecto íntimo me sigue fascinando.

—Jorge, ¿el hecho de que en ¡Maldito Allende! gran parte del peso narrativo recaiga sobre figuras históricas reales dificultó tu labor? ¿Fue complicado encontrar el diseño adecuado para los personajes principales?

J.G.: Eso de intentar encontrar el parecido no es algo que haya disfrutado mucho, prefiero estar con personajes inventados. Pero es cierto que una vez que logras aproximarte a una forma similar a la real ya todo va sobre ruedas.

—Jorge, como suele ser habitual en tu obra, tu aproximación gráfica varía en función de los requerimientos de la historia narrada, mostrando una gran versatilidad estilística. Así, combinas carboncillo, pasteles y lápices con otras técnicas cercanas al collage, dotando de una personalidad propia a cada sección del libro. ¿Fue esta una de tus grandes preocupaciones?

J.G.: Me preocupa aburrirme, repetirme y no investigar.

—Aunque ¡Maldito Allende! es una obra de ficción, los elementos biográficos tienen un gran peso en su desarrollo. Olivier, además de valerte de tu experiencia periodística, has comentado en diferentes entrevistas que algunos pasajes del libro están basados en experiencias reales de ciudadanos chilenos. ¿Cómo fue el proceso de construir a Leo, el protagonista?

O.B.: Es cierto, conocí a mucha gente que, al igual que Leo, solo disponían de una versión de los hechos. Quería que ese chico tuviera que enfrentarse a otra realidad, y la detención de Pinochet en Londres actúa como un catalizador en su vida. A partir de ese momento, verá las cosas desde otra perspectiva.

—Olivier, Jorge, el título de la obra puede sonar provocador, pero parece una declaración de intenciones; una advertencia al lector de que buscáis huir de ideas preconcebidas y enfoques maniqueos, centrándoos en su lugar en los grises, en matices que permitan una aproximación diferente al golpe de Estado de 1973 y sus consecuencias. ¿Resultó difícil no tomar partido de forma más evidente, tanto en lo argumental como en lo emocional?

J.G.: Tanto Olivier como yo amamos la figura de Allende y detestamos a Pinochet pero de todas maneras intentamos el ejercicio de contar hechos, revelar momentos y elegir situaciones sin agregarle emocionalidad y subjetividad. Ponerse, dentro de lo que se pueda, en los zapatos de dos personas que creían en sus ideas, en dos visiones del mundo contrapuestas y que lucharon por ellas hasta el final.

O.B.: El título ¡Maldito Allende! da a entender que queríamos ofrecer una mirada distinta. Leo es hijo de exiliados políticos que no se fueron para huir de Pinochet, sino por culpa de la llegada de Allende al poder. Queríamos dar la oportunidad al lector de abordar los acontecimientos de una manera distinta, a pesar de que Jorge y yo tenemos un punto de vista muy claro al respecto de este período histórico.

—Olivier, Jorge, siendo francés y argentino respectivamente, ¿habéis sentido una presión adicional por intentar ofrecer un punto de vista respetuoso con pasajes tan dramáticos de la historia chilena?

J.G.: Me parece más fácil contar algo que no te pertenece. El acercamiento a una historia que haya podido suceder en tu tierra siempre resulta más complejo. Siempre he querido hacer algo sobre esos años en Argentina y me resulta muy difícil encontrar la manera de abordarlo.

O.B.: No he sentido ninguna «presión adicional». No conocí Chile hasta 1998 y me sumergí en el período de la dictadura como periodista, tratando de informarme lo mejor posible. He querido proporcionarle al lector elementos que le permitan alimentar su propia reflexión sin caer en la caricatura.

¡Maldito Allende! invita a reflexionar sobre el modo en que la transmisión de ideas de una generación a otra puede alimentar un ciclo de odio aparentemente infinito. Pero también refleja la progresiva independencia y el nacimiento de un pensamiento crítico asociados a la madurez. En este sentido, ¿creéis que el tiempo lo cura todo, o pensáis que las consecuencias de episodios de la historia como este difícilmente pueden cicatrizar?

J.G.: El paso del tiempo y el no hablar de lo ocurrido crea la falsa ilusión de que la intensidad del dolor provocado por una tremenda injusticia ha disminuido y que se puede seguir adelante como si nada hubiera sucedido, se termina banalizándolo y dejándolo a la altura de una multa de tráfico. Sin dudas prefiero a los gobiernos que deciden condenar al terrorismo de Estado y enjuiciar a los responsables. Me parece que eso tiene que quedar claro en la historia, que sirva de ejemplo para impedir que vuelva a suceder. El pasado es irrenunciable y lo que pasó, pasó, pero creo que una decisión política en este sentido puede ayudar a que las generaciones venideras no arrastren las heridas de otros tiempos.

O.B.: Para que cicatricen las heridas del pasado, hay que tratarlas. Durante muchos años, los chilenos no compartieron una historia común. Vivían en el mismo país, hablaban el mismo idioma, pero estaban divididos entre «Allende, el mártir» y «Pinochet, el salvador». Me da la sensación de que esas visiones han evolucionado y que ahora resulta más fácil debatir ese doloroso pasado. Pero, desgraciadamente, el sentimiento de impunidad no ha desaparecido. Los que padecieron la dictadura no pueden entender que la justicia no haya castigado a los culpables o no haya hecho más por encontrar a los suyos que aún siguen desaparecidos.

Entrevista publicada en el volumen ¡Maldito Allende! ¡Ya disponible en vuestra librería habitual!

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