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22 de abril de 2015
Vigilia: Entrevista a Santi Arcas
Desde la semana pasada, ya está disponible en vuestros puntos de venta habituales Vigilia, una novela gráfica obra de Santi Arcas (Cartagena, 1974) que además de engrosar la línea de autor de la editorial, supone nuestra primera incursión dentro de la producción propia. Ambientada en el S. XVIII, en algún lugar indeterminado entre Murcia y Granada, Vigilia está protagonizada por un inolvidable elenco de personajes cuya interacción deriva en un relato con toques de humor, fantasía y surrealismo. De estructura aparentemente fragmentada, la trama principal y las secundarias terminan convergiendo para reflexionar sobre el conflicto entre lo racional y lo irracional, con un apartado gráfico influenciado por las estampas de Francisco de Goya y los maestros del claroscuro, y un tono deudor del cine costumbrista de Luis García Berlanga.

Pero aprovechando su reciente lanzamiento, ¿quién mejor que el propio Santi Arcas para explicarnos todo tipo de detalles sobre esta obra tan especial? Origen y evolución del proyecto, influencias, objetivos... No sin antes agradecer al autor el tiempo que nos ha dedicado, ¡os invitamos a leer la siguiente entrevista! 

La idea de Vigilia se remonta casi una década en el tiempo. ¿Cómo surgió y cómo ha ido evolucionando durante estos años?


Santi Arcas.- Mi primera idea era adaptar el libro Manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki. Me apetecía mucho hacer algo de fantasmas ambientado en la época de los bandoleros. Hasta entonces, ninguno de mis guiones se había situado en España y era una buena ocasión para hacerlo. Como es una novela muy larga, dudaba en si era mejor adaptar solo el capítulo más conocido. Hablando con algún colega, recuerdo que me dijo: "¿Y por qué no creas una historia propia?". No tardé en convencerme de que era lo mejor, me iba a llevar un esfuerzo similar y podría hablar más de las cosas que me interesan a mí. Así que pensé una trama distinta, de género de fantasmas también, que finalmente deseché, porque, aunque era atractiva para dibujar, no acababa de convencerme en cuanto a contenido.

Había estado meses dibujando personajes de época para practicar y seguía sin una historia. Fue entonces cuando decidí que lo mejor era olvidarme de hacer algo tan "de género" y optar por algo más libre, que mantuviera la ambientación que quería, pero que hablara de otros temas.

Es de suponer que con un desarrollo tan dilatado en el tiempo, tu estilo evolucionó y cambió durante el proceso. ¿En qué momento encontraste la aproximación gráfica adecuada para esta obra?

Santi Arcas.- Cuando comencé, mi idea era hacer algo muy espontáneo, casi sin abocetar. Un estilo de dibujo casi caligráfico como el de algunos trabajos de Joann Sfar. Quería hacer más un libro para leerse rápido que para fijarse en los dibujos.

Según iban avanzando las páginas, mis inquietudes gráficas empezaron a aparecer por todos lados y cada vez me gustaban menos las primeras páginas. Así que según iba dibujando páginas nuevas, iba retocando las antiguas. Incluso redibujándolas. Ese proceso de retoque ha continuado durante toda la obra, según iba encontrando recursos gráficos que me parecía que funcionaban con el tono que quería para el libro. Eso ha alargado mucho el proceso, pero realmente jamás hubiera podido desarrollar el estilo gráfico final desde la primera página.

¿Cuánto hubo de improvisación y cuánto de planificación en Vigilia? Acostumbrado a la mecánica colaborativa del mercado americano, es de suponer que la libertad creativa de la que has gozado ha sido uno de los grandes alicientes para embarcarte en un proyecto como este…

Santi Arcas.- La obra comenzó como un ejercicio de improvisación. Pensando escena por escena casi de manera visceral. Durante un tiempo, de hecho, yo pensaba que estaba haciendo un libro sobre el diablo, pero poco a poco me di cuenta de que todo lo que había dibujado en realidad hablaba de otra cosa: De cómo la realidad la creamos con nuestro punto de vista y la razón o lo irracional son dos formas diferentes de construir un mundo igual de real. Ese era un tema que me interesaba ya mucho en ese momento, así que era normal que estuviera subyacente sin yo saberlo en las escenas (en un principio inconexas) que iba escribiendo.

Desde el momento en que supe de lo que en realidad estaba hablando, todo se volvió mucho más metódico. Me dediqué a analizar todo lo que tenía y a construir con ello algo con un sentido claro. Reordené páginas, eliminé alguna escena ya dibujada para que la trama no creciera hasta el infinito, redibujé viñetas y tracé un plan para el resto del libro. En los agradecimientos menciono a Chester Brown. En su libro Ed, el payaso feliz da la sensación de que también comenzó a escribir de forma automática (como los surrealistas) y más tarde decidió imponer un orden en ese caos. En ese sentido, en Vigilia, el tema subyacente (el conflicto entre lo racional y lo irracional) y la manera en que ha sido desarrollada son totalmente coincidentes.

Las estampas de Francisco de Goya —que aparece en las páginas de Vigilia— se antojan como una influencia básica. Pero nos consta que también fue importante el influjo de historietistas como Will Eisner, Alex Toth o Joann Sfar. ¿Qué aspecto de su trabajo te resulta más interesante?

Santi Arcas.- Eisner me influyó mucho en la adolescencia, tanto en Spirit como en sus novelas gráficas. Con el paso del tiempo, no es de los autores que más revisito, pero creo que la semilla quedó ahí. Además, su estilo gráfico (el tipo de semi-realismo que usaba) es muy similar al que a mí me sale de manera natural, por más que intente ir más hacia el realismo o hacia el humor.

Como he comentado, Sfar influyó mucho en la aproximación inicial de las páginas, en el libro acabado ya no queda tanto de eso. Tanto Eisner como Sfar son narradores natos (como Tezuka, por ejemplo). Da la sensación de que contar una historia es para ellos algo natural.

En cuanto a Alex Toth, un enorme dibujante, sobre todo me fijo mucho en lo directos que son sus dibujos. Yo tengo cierta tendencia natural a lo pictórico, a recrearme en el accidente, así que necesito que trabajos como el de Toth me recuerden qué es lo esencial. Él, además, podía hacer algo muy estético sin dejar de ser nunca legible.

Con sobrada experiencia como colorista en la industria americana, para Vigilia te decantaste por opciones cromáticas y de iluminación minimalistas, empleando un bitono negro y ocre y confiriendo gran importancia al claroscuro. ¿Tenías clara esta aproximación desde un primer momento?

Santi Arcas.- Sí, eso lo decidí enseguida. Por una parte, tal y como yo imaginaba la atmósfera, el color era innecesario, además, precisamente el hecho de simultanear las páginas con el color para DC hacía que me apeteciera hacer algo distinto, descansar un poco del color y desarrollar más el trabajo en blanco y negro. Desde muy pronto decidí que la mayoría de la historia transcurriría durante una sola noche (creo que influido por Plácido de Berlanga, mi película española preferida) y como las escenas están iluminadas con velas o antorchas, quería enfatizar mucho ese claroscuro usando una luz cálida muy contrastada.

Desde las primeras páginas de la obra, se establece un tono que busca la complicidad del lector; también que este se involucre, invitándolo a prestar atención a detalles de tramas secundarias que posteriormente cobran un mayor sentido. ¿Resultó complicado dar forma a esta estructura? ¿Y encontrar el equilibrio entre los elementos humorísticos, costumbristas, místicos y casi filosóficos de Vigilia?

Santi Arcas.- La estructura es algo compleja y fue un poco dolor de cabeza hacer que todo encajara, realmente son muchas tramas, pero el hecho de saber que en realidad todas apuntaban hacia lo mismo me animaba a no descartar ninguna. En cuanto al equilibrio entre el humor, el costumbrismo y la parte más "mística", es algo en lo que ni siquiera pienso.

En todo lo que he escrito (a excepción quizás de algunas historias cortas) acaba habiendo humor, pero no solo humor. También me interesa crear momentos más líricos o más introspectivos. Es algo que surge de forma natural, nunca pienso que deba haber un cierto equilibrio planificado. Mi forma de escribir se basa sobre todo en crear situaciones, más que en idear tramas, y cada situación acaba cogiendo el tono que necesita, yo ni siquiera pienso: "aquí piensa algo gracioso" o algo así.

Vigilia no es tu primera obra como autor completo, ya que antes la precedieron Huevos fritos (Kaleidoscope) y Sandra (Vent des Savanes/Glénat). Pero sí es tu trabajo más extenso hasta la fecha. ¿Cómo influyó esta circunstancia en la forma de abordar tu trabajo?

Santi Arcas.- Ha influido mucho, claro. Cuando comencé solo sabía que quería superar la barrera de las cien páginas. Al final han sido ciento cincuenta, es lo que la historia ha necesitado. Cuando planeas un álbum con un número determinado de páginas, sabes que todo tiene que estar bien medido, dedicar demasiado espacio a una parte puede ser un problema. El hecho de no tener un límite de páginas facilita mucho las cosas, te permite improvisar más. El proceso de trabajo tan libre que he usado en Vigilia nunca lo habría empleado en una historia de menor extensión.

Con el libro ya terminado y disponible en los puntos de venta, ¿cómo valoras esta experiencia? ¿De qué forma crees que te ha enriquecido artísticamente?

Santi Arcas.- En primer lugar me he demostrado a mí mismo que soy capaz de acabar un libro así. Trabajar tanto tiempo sin saber siquiera quién lo va a editar es un acto de fe. Yo creo que algo de eso se transmite al leerlo, el hecho de no haber sido planeado con una mentalidad "profesional" pensando en lo que creo que quiere el editor, sino en dar lo mejor de mí, al final ha hecho que salga un libro bastante especial.

Además, todas las limitaciones que me autoimpuse cuando comencé a hacerlo (que toda la historia tenía que transcurrir durante un solo día, en un mismo pueblo, o que la estructura de página tenía que ser la misma en casi toda la historia) me han forzado a encontrar soluciones imaginativas que me han enriquecido mucho.
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